La Merced, 2018

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Sirva esta entrada para felicitar a todos los funcionarios de prisiones de todo grupo, clase y condición. No hay distinciones posibles en el día de hoy. Hoy es el día de la Merced, y ello implica que la Institución Penitenciaria celebra su día.

Sirva también esta entrada para dejar claro que el trabajo en prisión es, lisa y llanamente, un servicio público que miles de personas ofrecen a diario a la sociedad. En despachos, en rastrillos, en salas de juntas, en oficinas, en torres de vigilancia, y en otros muchos sitios. Personas, todas, anónimas. Personas, todas, que cumplen su cometido detrás de las concertinas solo visibles desde las autovías.

Hoy es el día de la Merced. Y sí, claro que hay cosas que celebrar. Hay que celebrar que las prisiones son lugares cada vez más seguros, que nuestro sistema es una verdadera vanguardia en términos penitenciarios, y que nuestro trabajo es algo de lo que sentirse orgulloso. Sin exageraciones ni teatro. Pero orgullosos.

Felicitaciones a todos. Un año más, aqui estamos. También felicitaciones a todos aquellos que han decidido viajar laboralmente al mundo de las cárceles. No olvidéis nunca que este trabajo, como cualquier otro, se construye desde la humildad, el rigor, la profesionalidad y la humanidad. Sin eso, no seríamos lo que somos.

Gracias. Feliz día de la Merced.

¿Sabemos quienes somos?

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La autocomplacencia nunca favorece ni ayuda. Tampoco motiva a mejorar. Por esa razón, valga de aviso previo que ninguna de las ideas que aquí se expondrán tiene nada que ver con una falsa sensación de logro total, de éxito absoluto, o de superioridad mal entendida.

Lo que queremos resaltar, sencillamente, es una realidad que a menudo pasa desapercibida: la enorme calidad, potencialidad y riqueza de nuestro propio sistema penitenciario. Nos referimos, indudablemente, al sistema penitenciario español.

Las cárceles son pequeños ecosistemas con muy diversas capas y estratos. Aludimos con esto a que no puede compararse el trabajo de un funcionario en la oficina de administración con aquel que desempeña un jurista o un funcionario de vigilancia. No por la calidad o el sacrificio, sino porque sencillamente son labores distintas. Todas necesarias, pero distintas. Sin embargo, el factor común que subyace al servicio público que representan las cárceles en España es la enorme calidad de todo su entramado. Calidad, esta vez sí, en el sentido literal del término.

Basta un rápido vistazo a las realidades penitenciarias europeas para comprobar, sin menospreciar la labor de otras administraciones, que indudablemente estamos muy por encima de la media. No se trata de conformarnos con la mera comparativa. Lo que tengan otros países no es cuestión nuestra, pero sí creemos que echar un vistazo por encima de los Pirineos abre la propia perspectiva. Es incluso necesario. Pondremos ejemplos:

1. En términos de tratamiento, disponemos de programas específicos para la práctica totalidad de tipologías delictivas. Esto es directamente impensable en otros países, y no es necesario irse a otros continentes. Aqui mismo, en Europa, resulta llamativo. Los programas específicos se extienden incluso a casos en los cuales el condenado no ingresa en prisión, con lo cual se diversifica la intervención también para las penas alternativas.

2. Somos referente en cuanto al desarrollo de sistemas de organización de la vida dentro de prisión. A día de hoy, nos siguen visitando delegaciones de otros países para ver in situ en qué consiste eso de los Módulos de Respeto. Una iniciativa que solo puede calificarse como brillante y que, sin exagerar lo más mínimo, supuso una revolución en cuanto a la organización interna.

3. No es frecuente que las administraciones penitenciarias dispongan de un protocolo de prevención de suicidios como el nuestro. En algunos países cercanos, muy cercanos, ni se contempla. Sabemos que nuestro protocolo no obra milagros, pero supone una sistematización de la ayuda profesional y una lupa terapéutica (en ocasiones muy efectiva) sobre la persona que quiere quitarse la vida. Sigue habiendo suicidios cada año, pero es justo reconocer que sigue siendo uno de los campos donde más esfuerzos realiza la totalidad del personal penitenciario.

4. La seguridad de nuestras prisiones queda fuera de todo debate. No es discutible. Por supuesto que conviene hablar de las agresiones que hay con el objetivo de reducirlas al máximo, pero no es menos cierto que las cárceles se han convertido en lugares muchísimo más seguros con el paso de los años, y que en modo alguno podemos concebirlas como escenarios de violencia, inseguridad y agresiones continuas. No es cierto. Existen prisiones en países cercanos donde se exhiben listados con los funcionarios muertos en actos de servicio.

5. En cuanto a la separación interior, conviene asomarse a prisiones europeas donde conviven 450 internos en un mismo ala (sí, el panóptico sigue vigente), donde desayunan, comen, cenan y juegan a juegos de mesa. Por no hablar que la única separación existente es la de hombres-mujeres. Disponer de módulos terapéuticos, de respeto (nivel 1, 2 o 3), ordinarios, para jóvenes, de destinos, enfermería, etc, es verdaderamente sorprendente. No para nosotros, sino cuando se explica fuera de España.

7. Los psicólogos gozan de una enorme libertad terapética, mientras exista observancia del Reglamento y la Ley orgánica. Esto significa que la prisión sigue siendo un terreno absolutamente fértil para desarrollar la intervención en la línea que uno desee, pudiendo desarrollar iniciativas de cualquier tipo siempre y cuando se respete la finalidad del tratamiento penitenciario. Unido a esto, conviene resaltar que se sigue fomentando la investigación a través de los premios Victoria Kent, así como la labor de personas ajenas al medio que desean llevar a cabo labores de investigación académica.

En resumen, no se trata de dibujar un panorama idílico, pero sí de desplazar el foco de atención a lo positivo. Cualquiera es libre para rebatir todas y cada una de las afirmaciones anteriores. Sin embargo, creemos que de vez en cuando conviene hablar de lo bueno que tienen nuestras prisiones, así como de la calidad de sus mecanismos, de sus posibilidades y de su personal.

No renunciamos a seguir mejorando, pero desde el realismo. Es muy loable buscar la perfección absoluta, pero conviene tener en mente dos realidades: una, la administración nunca podrá satisfacer todas las demandas profesionales que uno tenga (no tiene obligación de hacerlo); y dos, estamos hablando de cárceles. Esto último quiere decir que quien busque escenarios de paz absoluta y duradera, quizá debería replantearse la elección profesional.

Nos lee gente que quiere entrar a prisión a trabajar, que siente ilusión por ese mundo. Nosotros creemos en nuestro sistema, creemos en nuestros profesionales, y creemos que resaltar lo positivo es igual de importante (o más) que ofrecer de forma continua una imagen negativa de nuestro trabajo y de nuestra realidad.

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Lo penitenciario, los medios y nosotros

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Cada cierto tiempo, de forma relativamente sistemática, se repite el ciclo: los medios de comunicación publican noticias relacionadas con lo penitenciario. Normalmente, suele tratarse de noticias con cierto grado de morbo, aunque sin entrar en lo excesivo. Se guarda una aparente neutralidad, pero se abusa de una terminología en ocasiones exagerada, llamativa, comercial, y por definición inexacta.

Nadie ajeno al medio tiene la obligación de conocer el Reglamento, ni la Ley Orgánica que nos marcan los límites y los medios. Cuando uno opina sobre un trasplante de corazón, sin ser médico, lo hace con buena intención, pero cometiendo muchos errores de terminología y de precisión.

Lo que sucede es que, normalmente, todos somos médicos y abogados. Y opinar es gratuito.

Aplicado todo lo anterior “a la cárcel”, sorprende inevitablemente el enorme desconocimiento que existe en torno a la ejecución penal y a la propia intervención penitenciaria. La población ignora el cómo y el porqué se conceden permisos, el sentido del tercer grado, la naturaleza de la vida en prisión, las personas que trabajan allí, y en general los procedimientos básicos de funcionamiento. No lo planteamos como queja: nadie tiene la obligación de saber de todo, y la prisión no deja de ser un campo de trabajo y de saber muy específico y concreto.

Tampoco los medios de comunicación tienen la obligación de informar con precisión milimétrica. Los medios de comunicación son empresas privadas que buscan el beneficio, y no está escrito en ningún lugar que deban actuar con objetividad quirúrgica. Los telediarios y la prensa deben entretener, y de paso buscar telespectadores y lectores, que son en definitiva clientes que consumen un producto. Los periódicos hace mucho que dejaron de ser fuentes fidedignas de información, si alguna vez lo fueron. Por tanto, dejemos de lado la queja: “es insultante que no sepan informar“. No exijamos más de la cuenta. Cada cual es libre de buscar información donde le plazca,  y existe lo que se llama libertad de prensa.

Sin embargo, sí podemos hacer una cosa: defender nuestro trabajo, aclarar las dudas, no avergonzarnos de nuestra labor, y explicar con normalidad en qué consiste nuestro día a día.

Las prisiones no pueden ser un escenario ajeno a la sociedad. Una sociedad que tiene derecho a desconocer muchas cosas, pero que siempre estará abierta a ser informada por gente que habla con conocimiento de causa. Y por supuesto que habrá quien se manifieste con afán punitivo y rigor absoluto, pero esas personas también tienen derecho a opinar así. No se puede imponer la ideología de la reinserción por decreto.

La obligación, si puede llamarse así, puede que esté en nosotros. Todos caminamos sobre el alambre, llenos de dudas. Si tanto nos duele leer noticias llenas de morbo y llenas de imprecisiones, seamos nosotros los que acerquemos lo penitenciario a la sociedad. Cada uno desde su parcela, cada cual con sus posibilidades. Sin imposiciones.

Alguien dijo una vez que nuestro trabajo sirve para que la gente duerma más tranquila.

Pues eso. Es hora de sentirse orgulloso, de contar la realidad cuando nos pregunten, y de seguir viendo películas de cárceles que, geniales en sí mismas, también son imprecisas.

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PODRÍAN SER 45 PLAZAS EN 2019

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En el día de ayer nos llegó la noticia, filtración no oficial, de que podríamos estar hablando de 45 plazas para el Cuerpo Superior de Técnicos de Instituciones Penitenciarias en 2019. Esto significa, en primer lugar, que el ritmo de crecimiento de plazas para este cuerpo se mantiene. Llevamos ya años de crecimiento progresivo, después de años de crisis donde se paralizó la oferta de empleo público. Y, en segundo lugar, significa que con muy alta probabilidad vamos a disfrutar de una convocatoria en la que entrará mucha gente que se ha quedado a las puertas anteriormente.

Todo esto no puede sino animarnos, estimularnos y mantenernos fieles a nuestro propósito de ayudar a quienes desean incorporarse al mundo penitenciario.

Os deseamos a todos muy buen verano. Nosotros no cerramos por vacaciones.

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A una semana

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A una semana del examen.

Sólo unas palabras para recordaros lo importante de que mentengáis intacta vuestra entereza, confianza y serenidad.

No se trata de acumular horas de forma gratuita, sino de rendir en aquellos tramos del día donde mejor os veis. De profundizar no en lo que ya sabéis, sino de pulir las partes del temario donde más flojos vais. De sustituir los cantes diarios por repaso de esquemas. De repasar los temas de derecho de los que más preguntas salen en el test. De dedicar algún momento a repasar la ingente cantidad de tests de psicología que hemos hecho.

Y de dormir y de comer.

A una semana del examen seguimos con vosotros. Y a estas horas dentro de siete días estaremos haciendo maletas.

Mucho ánimo a todo el mundo.

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Y como no sabían que era imposible, lo hicieron

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El 10 de junio estaremos en Madrid acompañando a nuestros opositores, como cada año. En realidad, uno acompaña pero nunca puede estar en la piel de aquella persona que se expone a un examen de oposición. Por tanto, el sufrimiento, la esperanza, la ilusión y el temor son siempre parcelas de total intimidad que ningún preparador puede ni siquiera tocar.

Pero también confiamos. Mucho. Siempre lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo. Un opositor es un valiente, una persona que se atreve a lo que nadie recomienda. Alguien que sueña y se visualiza en un lugar a veces imposible.

Porque aprobar una oposición es el eterno imposible. Un imposible inventado que, sin embargo, sólo ignoran los que aprueban.

Nada está escrito y todo está pendiente de ser contado. No hay imposibles, sino grandes retos y aventuras con finales felices que esperan ser vividos antes o después.

Opositar es esfuerzo, es sufrimiento y es incertidumbre. Lo sabemos perfectamente. Pero creemos que sois capaces de lograrlo. De lo contrario, no estaríamos aqui a vuestro lado.

Nos dirigimos a todos vosotros, en cualquier parte del país. No, no es imposible. Y como habéis decidido no creer en la imposibilidad, lo conseguiréis.

Hoy, más que nunca, es posible y sucederá.

Nos vemos el día 10 de junio.

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Feliz año 2018 (suerte y gracias)

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Todo apunta a que, en el último día del año, la Guardia Civil ha localizado el cuerpo de Diana Quer. No solemos comentar noticias ni hacernos eco de la actualidad más allá de lo relativo a las oposiciones o al empleo público, pero en este caso queremos despedir el año reconociendo la extraordinaria labor de los cuerpos policiales de este país.

Resulta absurdo, y poco creíble, creer que todos los grupos y colectivos son homogéneos y perfectos en su desempeño. Lo mismo sucede al contrario. Sin embargo, como funcionarios de prisiones y por tanto como servidores públicos del Ministerio del Interior, consideramos apropiado y absolutamente oportuno subrayar la labor excelente que tanto Policia Nacional como Guardia Civil llevan a cabo los 365 días del año.

También en Nochevieja.

Sirva este enlace, con indudable carácter triste debido a la muerte de una persona, para dejar claro que el servicio público en este país está repleto de grandes profesionales. Y ello se aprecia con total nitidez en el ámbito de la seguridad del Estado.

A ellos, a vosotros, a todos los que acaban el año (y lo empezarán) estudiando, a todos los actuales y futuros policias, guardias civiles, funcionarios de prisiones, jueces, fiscales y un largo etcétera, os deseamos lo mejor. El servicio público no es otra cosa sino eso mismo: servicio público.

Gracias y lo mejor para el nuevo año. Feliz 2018.

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El escenario social

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Siempre hemos defendido que la Administración Penitenciaria española es una de las más modernas, eficaces y garantistas de Europa. Incluso del mundo. Y nos reafirmamos: estamos seguros que muy pocos países tienen un sistema penitenciario como el español, con un despliegue de medios tratamentales verdaderamente complejo y amplio.

Pero hoy no hablaremos únicamente del tratamiento (pieza fundamental pero no única), sino de la “fiscalización” permanente a la que estamos sometidos como servidores públicos, y concretamente como funcionarios del medio penitenciario.

Decimos fiscalización, pero que nadie se equivoque: no nos referimos a los presupuestos del Estado. Nos referimos al hecho de que se nos “mira con lupa”. Pero no es algo que critiquemos. Al contrario, consideramos que se trata de una práctica que nos obliga a ser exquisitos, e incluso a afianzar el verdadero sentido de la pena de prisión: ofrecer todos los medios posibles para la resocialización, siempre dentro del engranaje de la ley.

Decimos fiscalización, decimos “mirar con lupa”, pero, ¿a qué nos estamos refiriendo? Pues sencillamente al legítimo aparato externo que vigila los centros penitenciarios, encarnado en los jueces de vigilancia penitenciaria, Defensor del Pueblo (el nacional y los autonómicos), poderes públicos, Comités Internacionales o los propios sindicatos, por ejemplo.

Ninguno de los anteriores recibirá por nuestra parte la menor crítica. Son agentes que cumplen su función, son verdaderos poderes al servicio de la legalidad. Y todos ellos en conjunto obligan al cumplimiento escrupuloso de la normativa, obligando a dar explicaciones cuando se requieren.

¿Qué implica todo lo anterior? Pues algo obvio y que debe hacernos pensar: trabajar en prisión es trabajar con presos, delincuentes y perfiles complicados, es tomar decisiones y es lidiar con situaciones de conflicto, pero es también adherirse a la normativa, saber por donde pisamos, conocer lo posible y lo “no posible”, tener claro que siempre estaremos disponibles para dar explicaciones, y comprender que las cárceles no son pantanos alejados de la sociedad, sino un escenario que toda la sociedad contempla desde fuera esperando que estemos a la altura.

Que nadie lo dude: se nos mira desde fuera.

Ahora bien, respecto a estar o no a la altura, estamos convencidos que lo estamos y lo seguiremos estando.

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El 6 de diciembre

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Hoy es el día de la Constitución. La imagen superior es un reflejo del trabajo conjunto que dio como resultado lo que, en muchas oposiciones, es el Tema 1.

El Tema 1, con absoluta independencia de inclinaciones políticas en las cuales nunca entraremos, es el sustento y la arquitectura de todos los demás temas. Es la base y a su vez la máxima norma jurídica. Donde se incluye lo que significa la pena privativa de libertad, donde se incluye el sentido de nuestro derecho, y donde a su vez estamos todos incluidos.

Valga la imagen, y el día de hoy, para conmemorar la importancia de la Ley que a todos nos ampara y nos protege.

Un saludo y a seguir estudiando.

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